Ines era una piba de pueblo, aunque paseada por la vida.
Tenía poca calle (siempre de tierra) y a la vez muchas idas y venidas.
Dicen que fue su mamá la que en busca de la felicidad la movio tanto,
pero una vez que la encontró se acomodó en Villa Luro y alli quedaron.
Ines pasaba sus días en el almacen, ella y Adelita,
creciendo y esperando que alguna aventura cambie el cotidiano existir,
cociendo vestiditos, pintando a rojo sus labios y aguardando.
El cine del pueblo estaba a pleno -era una noche especial-.
Se proyectaba Los Comandos y las luces estaban raras.
Ella disfrutaba del momento, esos que ameritan vestido nuevo
Y de pronto un revuelo, un llamado, una multitud...
los muchachos de YPF habían entrado al salón.
Es raro, pero en esa multitud logró ver una cara y nada más.
Abrió la boca sólo para decir "se parece a Carl Gable"
Era Silvio, un joven caballero que llegó para transformarlo todo.
Desde ese instante el estomago cobró vida propia
y las horas se convirtieron en eso que existe entre verlo y volver a verlo.
El supo donde buscarla, Ines y su belleza eran bien conocidas en el pueblo.
Entró por la puerta del almacen y dos corazones se detuvieron de pronto.
Cachetes colorados, piel de gallina, estomagos rebeldes.
El amor fue día tras día entrando en sus vidas y corriendolo todo.
Hasta llegaron a creer que serían felices juntos.
El se iba detrás del petróleo y volvía detrás de su enamorada,
Ella esperaba escribiendole cartas para soportar el mientras tanto.
Una habladuría de infierno grande llegó a los oidos de la hermosa muchachita
La envidia del pueblo era demasiado grande para tan jóvenes almas
Ella orgullosa y con el corazón roto le devolvió su indiferencia.
El no pudo soportarlo, pidió su mano y ella aceptó sin dudarlo.
La vida no les fue facil, sobre todo porque él murió tan jóven.
Pero hasta ese día Ines y Silvio fueron felices, más felices que la gran mayoría
tuvieron tres hijas, se acompañaron, aprendieron a vivir y lo hicieron juntos.
Para cuando llegó la muerte mezquina a romper este par de enamorados
era demasiado tarde: se habían vuelto inseparables.
Así que él murió, pero siguió viviendo en ella, hermoso y elegante.
Casi cincuenta años pasaron. Largos y repletos de todo.
Ella sigue esperando que llegue el día en que se encuentren otra vez
Despues de todo, las horas son eso que existe hasta que se vuelven a ver.